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Colegio Las Cumbres - Más lejos, más alto ***
Más Lejos, más alto. _
 

La clase del 22 de noviembre la dió un premio Nobel de F ísica.

Y, si bien esto parece imposible,
él diría "Why not?"

Murray Gell-Mann.

El científico que descubrió el Quark y al que algunos llaman "el hombre con cinco cerebros" por la amplia gama de intereses que persigue, estuvo unos días en Argentina, se dio el gusto de observar nuevos pájaros y de conocer nuevas caras: las de los alumnos de Las Cumbres.

La inusual ocasión se desarrolló en el British Art Center, organizada por el Colegio para los alumnos de Nivel Medio y como resultado de una idea "loca" de un alumno de 3º año, Tonio Nicastro, que le pidió a Gell-Mann por mail que diera una charla y él accedió.

Gell-Mann tituló el encuentro "Getting creative ideas", y de manera muy especial se trató sobre la creatividad, la misma creatividad que a científicos como Einstein, Max Plank o a él lleva a importantes descubrimientos, y a una niña de 10 años a simples respuestas.

Según sus palabras, el germen de las ideas es una pregunta "¿por qué no?" y su terreno es poder pensar las cosas de otra manera, "outside the box". Después, viene la tarea más difícil: dar de baja los posibles motivos que digan que eso que uno imagina no es posible.

Luego de su exposición, los chicos le hicieron preguntas que él contestó con claridad y mucha alegría. Para los que estuvimos allí, fue una experiencia única que nos dejó muchas sensaciones, una certeza (las personas que hacen grandes cosas son grandes personas) y una inquietud: Why not?

Gell-Mann con profes y directivos de Las Cumbres

Dos notas publicadas el 23 de noviembre en el diario
La Nación, completan lo ocurrido esa tarde y ayudan a retratar lo que quedará como imborrable testimonio de las sorpresas de la vida:

Estuvo en Buenos Aires Murray Gell-Mann, uno de los físicos más notables del siglo XX
El pensamiento creativo y cómo lograrlo, según un genio de la ciencia.

 

Foto: Hernán Zenteno para LA NACION

 

"La charla de hoy es sobre las ideas creativas , pero no sólo en física o en el arte, sino en la vida diaria", afirmó. Así -sin otro preámbulo que una breve presentación de Susana White de Carlevaro, una de las directoras del Colegio Las Cumbres, de Recoleta, que organizó la reunión por iniciativa de su alumno Tonio Nicastro, que lo invitó por correo electrónico- comenzó la charla que el célebre Murray Gell-Mann, uno de los más destacados protagonistas de la física del siglo XX, dio ayer frente a un centenar de estudiantes de secundario. Gell-Mann -que vino a la Argentina para visitar amigos, avistar pájaros y conocer Buenos Aires porque, asegura, "había leído mucho de ella" gracias a Borges, uno de sus escritores favoritos- obtuvo el premio Nobel en 1969 por resolver uno de los misterios del universo al postular que protones y neutrones -que forman el núcleo atómico- están compuestos por ladrillos fundamentales que llamó "quarks"... simplemente porque le gustaba el sonido de la palabra. "¿No les parece el nombre correcto para el constituyente fundamental del núcleo atómico?", les preguntó con tono cómplice a los chicos, antes de explicarles que más tarde encontró el mismo vocablo en la obra de James Joyce "Finnegan´s Wake". Durante poco más de una hora -enfáticamente, a veces; sugerente, otras; divertido, la mayoría- Gell-Mann, actualmente profesor emérito del California Institute of Technology e integrante del consejo directivo del Instituto de Santa Fe, que él ayudó a crear para impulsar un enfoque interdisciplinario de la ciencia, invitó a la audiencia a pensar en las características distintivas del pensamiento creativo. Y lo hizo recurriendo a sus recuerdos de la niñez, a su experiencia como científico, y hasta a las más complejas teorías de la física, que citó con total desenfado. "Un gran científico alemán describió los tres pasos que se requieren para concebir las ideas creativas: saturación [llenarse la cabeza con el problema que uno quiere resolver], incubación [pensar en él consciente o inconscientemente] e iluminación [cuando la lamparita se enciende y surge la idea]. En 1908, el matemático francés Henri Poincaré agregó un cuarto paso: verificación [ver si la idea funciona]." Y enseguida describió con toda sencillez el descubrimiento que lo convirtió en uno de los protagonistas destacados de la historia de la ciencia. Según Gell-Mann, su postulación de las extrañas partículas que pueblan el zoológico subatómico se debió a una equivocación y a su poco respeto por las ideas establecidas. "Una de las cosas más importantes es sacarse de encima los prejuicios que impiden el progreso -aseguró-. Para Einstein, fue dejar de lado la creencia de que el tiempo y el espacio son absolutos y no se «mezclan», algo que no era más que una superstición. En mi modesto caso, fue liberarme de la idea de que protones y neutrones eran partículas elementales. El postular los quarks fue muy impopular porque violaba no una, sino tres reglas equivocadas. Pero uno siempre tiene que preguntarse: ¿por qué no?" Según el científico, todo esto está muy relacionado con la formulación de problemas. "En la escuela se estimula mucho la resolución de problemas, aunque generalmente es mucho más importante formularlos -explicó-. Resolver problemas puede ser una actividad rutinaria, pero formularlos requiere mucha más creatividad, porque implica plantearse cuáles son las condiciones reales que debe cumplir la solución. De hecho, David Perkins, de Harvard, destacó que la escuela es casi el único lugar donde los problemas ya están formulados para que uno los resuelva." ¿Está trabajando en algún proyecto? ¿Recuerda a alguno de sus maestros? ¿Cuándo se preguntó por primera vez «por qué no»? ¿Qué hace cuando no tiene ideas? ¿Cómo se enteró de que recibiría el Nobel? ¿Qué lo motivó a postular su teoría sobre los quarks? ¿Iba a fiestas cuando trabajaba en ese tema? Gell-Mann contestó cada una de las preguntas de los chicos sin premura -aunque tenía que salir para el aeropuerto-: "Trabajo en seis o siete proyectos a la vez", comentó. "El maestro que más recuerdo es uno que había sido predicador bautista. Era muy activo y provocador". "No sé lo que es no tener ideas." "Me enteré de que me habían otorgado el premio por una llamada de la cadena CBS... a las tres de la mañana." "Para desarrollar mis teorías, me fijé en el patrón que formaban las partículas y vi que se podía explicar fácilmente poniendo los quarks en los lugares correctos." "Siempre me divertí mucho, aunque no sólo yendo a fiestas, sino también saliendo a contemplar la naturaleza, en particular los pájaros." También le preguntaron cómo llegó a amar la física. Y simplemente respondió, a modo de despedida: "Oh, es que es tan hermosa..."

Por Nora Bär
De la Redacción de LA NACION



El hombre con cinco cerebros

Como en "El copista de música", el delicioso cuento de Spencer Holst en el que un oscuro "copiador" de partituras presencia por azar la presentación de algunos de los músicos más sublimes del mundo, los chicos del colegio Las Cumbres tuvieron ayer un privilegio inusitado: una clase de física y creatividad dada por uno de los genios del siglo XX, Murray Gell-Mann, al que algunos llaman "el hombre con cinco cerebros" por la pluralidad de intereses que persigue: es profesor emérito de física, consejero en temas ambientales, una autoridad en el origen de los lenguajes y pensador sobre los temas más diversos.

Más allá de sus logros científicos, es sin duda una figura singular. Nacido en Nueva York en 1929, fue un talento precoz. Con sólo 15 años obtuvo la única beca completa que ofrecía la Universidad de Yale y se doctoró en el MIT a los 21. Sin embargo, confiesa que la física que enseñaban en la escuela lo aburría y que fue la única materia en que casi lo reprueban. Llegó a enamorarse de ella gracias a su padre, que fue quien -tras su negativa a estudiar ingeniería- le aconsejó dedicarse a la física avanzada.

En 1963, reflexionando sobre los ordenados patrones que formaba una serie de extrañas partículas recientemente descubiertas, calculó las propiedades y la masa de una que encajaba perfectamente en un lugar vacío. Su trabajo posterior sobre esos extraños "personajes" subatómicos que llamó "quarks" ayudó a completar el mapa de los ladrillos fundamentales de la materia. Recibió el Premio Nobel en 1969, a los cuarenta.

Desde entonces, sus contribuciones se multiplicaron. Entre otras cosas, es uno de los promotores de la teoría de las supercuerdas -"que puede ser el principio para presentar la mecánica cuántica de forma convincente y permitirnos desarrollar una cosmología cuántica", afirmó ayer- y dirige un proyecto que intenta entender las relaciones entre las lenguas humanas y construir, si fuera posible, un árbol filogenético para la mayoría de los lenguajes modernos ("los historiadores de las lenguas creen que es imposible, pero yo creo que están equivocados", acotó).

Pero sobre todo, asegura, se divierte mucho: "Debería trabajar más. Pero vivir lleva tanto tiempo... Es una lástima."

Por Nora Bär
ciencia@lanacion.com.ar

 

 

 

 

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