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Editoriales
Editorial Septiembre 2006:
Estamos acostumbrados: sólo las malas noticias son noticia. Prueba de esto es que el último 11 de septiembre se convirtió en el Día del Terrorismo cuando siempre fue el Día del Maestro; cuando podría ser el día de la educación, de los nuevos caminos, de las transformaciones, del crecimiento y el futuro.
Mostrar imágenes del horror tiene lamentablemente mucha más convocatoria que la idea de un país educado que evocamos cada vez que recordamos la obra de Sarmiento. La globalización nos conecta, no tiene por qué borrarnos. El 11 de septiembre es para nosotros algo mucho más importante que la guerra entre Medio Oriente y Occidente. Nuestro calendario nos invita a pensar en los maestros, aquellos que se dedican a formar nuevas generaciones de jóvenes que –en la medida que la educación tenga cada vez más fuerza- serán mejores adultos que nosotros.
Se trata del viejo tema del vaso medio vacío o medio lleno.
La vida está hecha de puntos de vista. En Las Cumbres seguimos mirando al 11 de septiembre como el Día de la Educación y los Educadores. Un día lleno de posibilidades.
Editorial Junio 2006:
Hechos lamentables de violencia ocurridos en los últimos meses nos hacen sentir que estamos viviendo una película de terror. Una película protagonizada por chicos y jóvenes, pero no escrita –menos aún, dirigida- por ellos.
Y esto no significa que no son responsables, sino que esa responsabilidad es comparable a la que tiene un actor al representar un papel en una trama de la que no es autor, tan sólo ejecutante.
Pensemos en quiénes son los que escriben y dirigen la violencia hoy. ¿Los mayores de edad o los menores? Encontrar culpables tranquiliza pero no es solución. Adjudicarnos la responsabilidad como adultos debe servir para movilizarnos al cambio.
Es posible una vida en la que la violencia no sea una respuesta válida. Es posible que a los conflictos respondamos con una pausa y la necesaria reflexión. Algo que se gana con crecimiento y experiencia. La serenidad propia del adulto, aquel que al tomar decisiones piensa, y que al tener que resolver situaciones de apuro y estresantes trata de encontrar una pausa para discernir con tranquilidad.
Una película escrita y dirigida con calma no está exenta del drama, pero sí del absurdo. Tal vez lo que más abrume de estas situaciones violentas sea su falta de sentido. En escribir y dirigir nuestras propias vidas con serenidad puede residir la posibilidad de que aquellos que están creciendo, puedan hacerlo mejor. Contenidos. Cuidados. Con buenos ejemplos.
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