La Asunción de María
La fiesta de la Asunción de María en cuerpo y alma al Cielo está muy entrañada en el pueblo cristiano. El triunfo de María es también el triunfo de sus hijos. María ha subido al cielo en cuerpo y alma para decirnos que un día estaremos con Ella, de manera semejante. Ahí nos espera; en ninguna otra parte, con los brazos abiertos.
Se acabó el peregrinar por la tierra, y se ha abierto para siempre la frontera de la Patria. La espera desde la Ascensión de Jesús ha sido larga, pero al fin ha llegado el momento de ir a dar el abrazo definitivo e irrompible al Hijo adorado.
Sentada junto al trono de Jesús, María se ve coronada como Reina de Cielo y Tierra, de los ángeles y de los hombres.
Ahora María, ya en el Cielo, comprende en su totalidad la misión que Dios le ha confiado. Porque María, como Jesús, no va a estar ociosa mientras goza en plenitud de la gloria de Dios.
Madre de la Iglesia, ha de vigilar con ojo atento a los pastores igual que a los fieles, a fin de que la Iglesia realice la obra del Reino de Dios hasta llevarlo a término final.
Madre de todos los hombres, tiene el cuidado de todos y de cada uno, hasta que los vea seguros a todos dentro del Cielo.
María es la mujer más triunfadora. La humilde esclava del Señor ha logrado lo que ninguno ha conseguido. Eligió como meta cumplir la voluntad de Dios; como motivación: El amor. El Premio: La Asunción a los cielos en cuerpo y alma. Así nos enseña de forma contundente la mejor forma de vivir.

